Villas de Tamaragua: la historia completa (Fases I, II y III) | Fuerteventura

La historia real de Villas de Tamaragua en Fuerteventura: tres fases, cientos de familias y un modelo cooperativo que lo cambió todo. Contada desde dentro.

Villas de Tamaragua: la historia completa del proyecto que transformó el norte de Fuerteventura (Fases I, II y III)

Hay proyectos inmobiliarios que se venden con vallas publicitarias, y otros que se venden solos, de boca en boca, de llamada en llamada. Villas de Tamaragua pertenece a la segunda categoría. Tres fases, cientos de familias y un modelo —el cooperativo— que muchos miraban con recelo y que hoy es la envidia del mercado majorero. Esta es su historia contada desde dentro, por alguien que ha estado al teléfono en cada una de las tres fases: un servidor.

Fase I: el proyecto del que nadie se fiaba… hasta que se agotó en 3 meses

Cuando Villas de Tamaragua I salió a la venta, la palabra «cooperativa» todavía levantaba cejas. La pregunta más repetida en aquellas primeras llamadas no era por los metros ni por las calidades: era «¿y esto es seguro?».

120 viviendas —59 villas independientes y 61 adosados— junto a Corralejo, a precio de coste. Tres meses después no quedaba ninguna. Y aquellos primeros valientes que preguntaban si era seguro hoy ven levantarse sus paredes.

De aquella primera fase guardo una anécdota que resume el fenómeno mejor que cualquier cifra: un grupo de amigos que comparten profesión —no diré cuál, porque se reconocerían al instante y me matarían— fueron comprando uno detrás de otro, por puro boca a boca. Uno reservó, se lo contó al siguiente, y el siguiente al siguiente. Cuando quise darme cuenta, media plantilla de su gremio tenía casa en Tamaragua. Ninguno vino por un anuncio: todos vinieron por la experiencia de otro.

Y ese es, honestamente, el mejor control de calidad que existe: nadie recomienda a sus amigos algo de lo que no está convencido.

Fase II: cuando el boca a boca hace el trabajo

Con Villas de Tamaragua II —100 viviendas, con vistas a las dunas y a la Isla de Lobos— pasó algo que no deja de sorprenderme: la gente ya no llamaba preguntando si era seguro. Llamaba preguntando si quedaban unidades.

Las 100 viviendas se vendieron en poco más de cuatro meses, superando todos los pronósticos. Que se vendan cien casas sobre plano en ese plazo, en régimen cooperativo y mayoritariamente por teléfono, visto en frío sigue pareciendo difícil de creer. Y sin embargo, pasó.

Y esa velocidad tuvo un premio que al inicio del proyecto parecía impensable: hoy las fases I y II están en construcción a la vez. La rapidez de las ventas permitió solapar el inicio de las obras — así que quien pasea hoy por La Capellanía no ve una promesa sobre un plano: ve dos fases enteras levantándose al mismo tiempo. Pocas cartas de presentación mejores puede tener la tercera.

¿Quién compra en Tamaragua? (Spoiler: no es quien crees)

Existe la idea de que la obra nueva en Fuerteventura la compran fondos, extranjeros o inversores profesionales. Los datos de Tamaragua cuentan otra historia: la mayoría aplastante de compradores de las fases I y II son españoles. Y dentro de ellos, la gran mayoría, canarios.

Gente normal, con su trabajo, que vio en el proyecto lo que realmente es: la oportunidad de tener una segunda residencia junto a las Dunas de Corralejo, o el plan de retirarse a vivir en el paraíso sin hipotecarse la vida. Personas que hicieron números y entendieron que comprar a precio de coste, con hasta un 25% de ahorro frente a una promoción convencional, era la diferencia entre soñarlo y firmarlo.

Ventas por teléfono, domingos incluidos

Otra particularidad de esta historia: la gran mayoría de las ventas de Tamaragua las he cerrado por teléfono. Sin oficina de lujo, sin presiones, sin técnicas de manual. Una conversación honesta, los números claros y tiempo para pensar.

Una de mis llamadas favoritas llegó en plena Fase I, un domingo, cerca de la hora de comer. Un taxista, aprovechando un tiempo muerto en la parada mientras esperaba clientes, marcó mi número convencido de que le saltaría el buzón. Cuando descolgué, su sorpresa fue mayúscula. Lo primero que me dijo fue: «¡Pero si estás trabajando un domingo, como yo!». Nos reímos, hablamos largo y tendido —de la vivienda, del modelo cooperativo, de la isla— y acabó comprando su casa. No ese día: cuando estuvo convencido.

Cojo el teléfono siempre que puedo. Y no siempre para vender: en más de una ocasión he desaconsejado la compra a quien me llamaba, porque en la conversación quedaba claro que el producto no encajaba con lo que esa persona necesitaba. ¿Sabes qué pasa después? Que muchos de esos mismos a los que les dije «esto no es para ti» me vuelven a llamar meses más tarde. A veces para pedirme consejo sobre otra cosa. A veces para comprar otra propiedad que sí les encaja. La sinceridad es una inversión a largo plazo — la única técnica de venta que no caduca.

Y hay un detalle más que suelo contar cuando me preguntan si de verdad creo en este proyecto: yo también he comprado en Villas de Tamaragua. No diré en qué fase, pero mi dinero está donde está mi palabra. Vendo lo que yo mismo compraría — literalmente.

No todo fue un camino de rosas: el problema del asesoramiento legal equivocado

Sería fácil contar solo lo bonito, pero esta historia tiene también su capítulo de obstáculos, y conviene conocerlo porque sigue ocurriendo.

Durante las fases I y II, muchos interesados hicieron lo más sensato del mundo: consultar a un abogado antes de firmar. El problema es que una parte de esos profesionales emitió su asesoramiento basándose en la legislación de compraventa tradicional, sin estudiar el régimen cooperativo. Y son marcos jurídicos distintos: analizar una cooperativa de viviendas con las gafas de una compraventa convencional es, sencillamente, imposible de hacer bien.

El modelo cooperativo canario está regulado de forma específica y garantista por la Ley 4/2022, de 31 de octubre, de Sociedades Cooperativas de Canarias, junto con el marco estatal de la Ley 27/1999 de Cooperativas, y las cantidades entregadas a cuenta gozan de la protección de la Ley 38/1999 de Ordenación de la Edificación, además de la custodia notarial previa al inicio de obra. Bien entendido, el modelo es tan seguro —me atrevo a decir que en algunos aspectos más— que una compra de obra nueva convencional: el dinero está custodiado ante notario antes de la obra y asegurado después, y quien no resulta admitido o desiste antes de la admisión recupera sus aportaciones.

Por eso, si estás valorando comprar en cooperativa y quieres asesorarte —cosa que aplaudo—, pide a tu abogado expresamente que fundamente su análisis en la normativa cooperativa canaria, no en la de compraventa. Es la diferencia entre un buen consejo y un consejo equivocado.

Fase III: el capítulo final

Y así llegamos a hoy. Villas de Tamaragua III acaba de salir a la venta: 175 adosados en La Capellanía (La Oliva), con un diseño en medias plantas que no se parece a nada de lo anterior, tres piscinas comunitarias y aparcamiento frente a cada vivienda. Desde 240.000 € + IGIC, en el mismo régimen cooperativo de siempre.

Y es, literalmente, el capítulo final: el planeamiento urbanístico del sector no contempla más suelo residencial, de modo que no hay nuevas fases previstas ni en proyecto. La comunidad que empezó con 120 valientes se completará con esta tercera fase — y ya no volverá a ampliarse.

Dos veces hemos contado esta historia. Dos veces se agotó. La tercera se está escribiendo ahora mismo, llamada a llamada. Si quieres formar parte de ella —o simplemente que te cuente los números sin compromiso, un domingo si hace falta—, ya sabes que cojo el teléfono: +34 688 906 731, también por WhatsApp.

¿Te has quedado con ganas de más? En el próximo artículo te cuento cómo es de verdad el día a día en La Capellanía y el norte de Fuerteventura: dónde se desayuna, cómo es el viento (sí, vamos a hablar del viento), y qué tipo de gente se está mudando allí. Suscríbete a la newsletter y te aviso cuando lo publique. PULSA AQUÍ PARA LEERLO

Redacción: Raquel Glez.
Experiencia compartida por: Francisco Araujo.

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